Actualizado el: 29-10-2015

Artículo publicado en El Periódico escrito por Javi López. A continuación un extracto pero se puede leer completo AQUÍ

A dos horas. A tan solo dos horas. Ese es el tiempo que se necesita para llegar desde el corazón de Europa a alguno de los puntos de entrada por los que están llegando centenares de miles de refugiados. Así que, dispuesto a conocer de primera mano el fenómeno que ocupa las portadas en toda Europa y acapara nuestras discusiones en Bruselas, me decidí a viajar a los Balcanes.

Vía Sarajevo y después de cinco horas de trayecto en coche llego a la que es la zona más caliente de la crisis. Las fronteras entre Serbia, Hungría y Croacia. Primera parada: Opatovac, el centro de tránsito en territorio croata que hace de tubo en la entrada de los refugiados a la Unión Europea. Un campamento militar rodeado de policías en medio de la nada. Barro, lluvia, zanjas, autocares y gente, mucha gente. Miles, mires donde mires. Familias, niños, niñas, grupos de jóvenes y ancianos. Sin más posesiones que lo puesto. En Opatovac la ocupación principal es esperar. Esperar en la zona de registro. Esperar una manta. Esperar el reparto de comida. Esperar para entrar en una tienda de campaña abarrotada. Esperar para coger un nuevo autocar. Esperar para no desesperar.

Procedentes de los conflictos y la violencia que están arrasando buena parte del norte de África y Oriente Medio, llevan tanto tiempo huyendo y esperando encontrar un lugar seguro que les acoja y decida protegerles que una pequeña espera más no les desalienta.

Pero sin duda, y como os podréis imaginar, la imagen más dolorosa de todas es la de los niños. Muchos, con familias y sin. Han llegado 25.000 niños solos a Serbia en lo que va de crisis. Algo que preocupa y ocupa a las oenegés. Los niños son niños bajo todas las circunstancias y quieren jugar. Pero llevan semanas sin hacerlo. Cuando te acercas a ellos ves una luz diferente en su mirada. Hasta que descubres que no es por ti, es por tu peto. Saben que aquellos que lucen colores chillones en su pecho son los que han venido a ayudarles. Para ellos son verdaderos ángeles con petos de colores.

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