El discurso sobre el Estado de la Unión Europea (SOTEU) de Ursula von der Leyen acierta en buena parte del diagnóstico: Europa necesita reforzar su soberanía, su seguridad, su industria, su acción climática y sus alianzas internacionales. El diagnóstico sobre la necesidad de una Europa más fuerte y capaz de actuar en un mundo cada vez más hostil está sobre la mesa, el reto es convertir esa visión en legislación, recursos y decisiones que lleguen a la ciudadanía.
Hay avances importantes, pero también contradicciones y ausencias que no podemos ignorar. La vivienda, la transición ecológica, la seguridad, Gaza, la migración y la defensa de la democracia deben estar en el centro de esa respuesta europea.
Vivienda y transición ecológica
La vivienda es una de las principales. Que la Unión Europea asuma por fin que acceder a una vivienda digna no es un privilegio, sino un derecho, es una victoria del progresismo europeo. El siguiente paso debe ser claro: una Ley Europea de Vivienda con instrumentos reales, recursos suficientes y resultados concretos para la ciudadanía.
En materia climática, Europa se calienta más rápido que cualquier otro continente. Lo hemos comprobado de nuevo este verano, también en Cataluña. Necesitamos más resiliencia y una mejor protección frente a los riesgos climáticos, pero sin diluir nuestra ambición: una transición ecológica justa socialmente no puede quedar en segundo plano.
Seguridad, autonomía estratégica y alianzas
Europa también debe asumir una mayor responsabilidad sobre su propia seguridad. Una nueva Estrategia de Seguridad, más apoyo a Ucrania y mayor presión sobre Rusia son pasos necesarios para avanzar hacia una auténtica autonomía europea, capaz de defender tanto nuestra seguridad como el Derecho internacional.
En un mundo marcado por grandes potencias y liderazgos autoritarios, ampliar nuestra red de aliados fiables —Canadá, India, Mercosur, México o Indonesia— no es solo una cuestión comercial. Es soberanía, seguridad y capacidad de influencia europea.
Gaza, migración y democracia
Pero hay una gran ausencia en este SOTEU: Gaza. Las palabras ya no bastan. Europa debe actuar ante el Gobierno israelí mediante la suspensión del Acuerdo de Asociación y un embargo de armas. No podemos aceptar el genocidio ni la impunidad.
Tampoco podemos permitir que la migración se convierta en un arma política o en una competición para decidir quién recorta más derechos. Europa debe gestionar sus fronteras, sí, pero sin renunciar a un principio elemental: los derechos humanos son inalienables.
Y hay una contradicción de fondo. No se puede defender una Europa más fuerte, soberana y democrática mientras se normalizan acuerdos con una extrema derecha que quiere debilitarla, dividirla y vaciarla de valores. Porque Europa será juzgada por su capacidad para proteger a su gente, defender sus principios y actuar con determinación en un mundo cada vez más hostil.