El doble estándar de Europa: ¿Por qué sancionamos a Rusia y no a Israel?

¿Por qué Europa no sanciona a Israel cuando está cometiendo un genocidio en Gaza, pero sí ha impuesto duras sanciones a Rusia tras su brutal invasión a Ucrania? Esta es la pregunta que resuena cada vez con más fuerza en la conciencia de nuestros ciudadanos. Debemos denunciar este doble estándar insoportable que, día tras día, resta credibilidad y autoridad moral a Europa en el escenario internacional.

Recientemente, hemos visto cómo se discutía entre los ministros de Exteriores en el Consejo de la Unión Europea la posibilidad de prohibir el comercio con asentamientos israelíes ilegales. Una medida que, a todas luces, debería ser el mínimo indispensable para demostrar nuestro compromiso con el derecho internacional. Sin embargo, dado el persistente bloqueo de algunos estados miembro, no se pudo llegar a un acuerdo. Otro aplazamiento, otra reunión sin resultados tangibles, mientras la tragedia humanitaria sigue su curso.

La urgencia de actuar ante el genocidio en Gaza y los asentamientos ilegales

Mientras en Gaza continúa el genocidio y en Cisjordania aumentan de manera alarmante los asentamientos ilegales, algunos líderes en Europa continúan buscando excusas. Excusas para continuar bloqueando las decisiones urgentes que la Unión Europea debe tomar. No podemos permitir que la inacción se convierta en nuestra política exterior.

No puede haber una Carta de las Naciones Unidas para Ucrania y otra distinta para Palestina. El derecho internacional no es un menú del que podamos elegir qué normas aplicar y a quién. Europa debería suspender inmediatamente el acuerdo de asociación entre la Unión Europea e Israel. Este es un acuerdo que exige, de manera explícita, respetar los derechos humanos. Mantenerlo de forma intacta cuando se están violando de forma sistemática los derechos humanos en Palestina no es neutralidad; es permitir la impunidad.

La coherencia como pilar de nuestros principios democráticos

España ha sido muy clara y ha alzado la voz ante esta inadmisible situación. Nuestros principios, aquellos sobre los que se fundó la Unión Europea, solo tienen verdadero valor si son consistentes. Debemos estar dispuestos a defenderlos no solo frente a nuestros adversarios, sino también frente a quienes han sido históricamente nuestros aliados. La defensa de los derechos humanos no admite excepciones ni tratos de favor.

Es fundamental que la Unión Europea y sus instituciones actúen con coherencia para no erosionar más el proyecto europeo. Hoy, la transparencia y el debate abierto son nuestras mejores herramientas para exigir la coherencia que nos falta. Seguiremos trabajando para que nuestra política exterior recupere la brújula moral y aplique el mismo rasero ante todas las vulneraciones del derecho internacional.