Calor extremo, economía en riesgo: frenar el pacto Verde es una irresponsabilidad

Más de treinta grados a medianoche. Otra noche tropical que, hace apenas dos décadas, hubiera sido una rareza. Hoy ya no lo es.

Las temperaturas extremas nocturnas en Europa son cien veces más probables que hace veinte años. Las olas de calor son más largas, más frecuentes y más intensas. Y lo que estamos viviendo estos días no es una cuestión de comodidad o de molestia pasajera: el calor extremo mata, enferma, destruye cosechas, colapsa hospitales y golpea nuestra economía con una fuerza que ya no podemos ignorar.

El coste económico del calor: cifras que no admiten debate

Los datos son contundentes. Para el año 2030, la subida de las temperaturas puede recortar entre el 5% y el 7% de la riqueza de los países europeos más expuestos al calor. Solo España soportará un quebranto de 104.000 millones de euros antes de que acabe esta década.

Pero el impacto no es solo económico. Este junio han muerto más de un millar de personas en España por las altas temperaturas, el junio con más fallecimientos por calor desde que hay registros, con una media habitual de 330 fallecimientos en este mes. Y no es una coincidencia: entre 1975 y 2000 solo hubo dos olas de calor en junio en la España peninsular; entre 2000 y 2025, hubo diez.

El impacto también se traduce en pérdida de productividad laboral. Un día de calor extremo por encima de los 32 grados equivale a media jornada laboral perdida. Por encima de los 30 grados, la productividad cae un 3% por cada grado adicional.

A todo ello se suma la peligrosa interacción entre el calor y la contaminación atmosférica. Según investigadores del Instituto de Salud Carlos III, alrededor del 18% del aumento de la mortalidad durante las olas de calor en España está motivado por la contaminación. Calor y contaminantes como las partículas finas y el ozono actúan de forma sinérgica, causando más muertes juntos que por separado. Una razón más para acelerar la implementación de las políticas de calidad del aire.

Por supuesto el calor extremo no afecta a todos por igual. La anomalía climática golpea de forma más contundente a los hogares con menor renta, que tienen menos recursos para protegerse, menos acceso a vivienda bien aislada y menos capacidad para adaptarse. La justicia climática no es un concepto abstracto: es una realidad que se mide en grados y en euros.

PP y VOX quieren desmantelar el Pacto Verde: una irresponsabilidad

En este contexto, el Partido Popular y Vox trabajan activamente para desmantelar el Pacto Verde Europeo. Frenar la acción climática precisamente cuando la realidad científica y económica demuestra que necesitamos hacer mucho más es un disparate y una irresponsabilidad. Una obsesión ideológica que choca frontalmente con la ciencia, con los datos y con el sentido común.

Las ciudades europeas fueron diseñadas para el clima del siglo XX. Hoy padecen un clima radicalmente diferente y no están preparadas. Más asfalto y menos zonas verdes, edificios mal aislados, infraestructuras que no contemplan el calor extremo como una variable permanente.

Lo que necesitamos: descarbonizar y adaptarnos

La respuesta no puede ser la resignación ni el negacionismo. Necesitamos descarbonizar con urgencia y, al mismo tiempo, adaptar nuestras ciudades y nuestras economías a la nueva realidad climática. Eso significa más zonas verdes y menos asfalto, edificios mejor aislados con estándares de eficiencia energética exigentes, y ciudades preparadas con vivienda, infraestructuras y servicios públicos capaces de hacer frente al calor extremo.

El cambio climático no es una amenaza futura ni una realidad lejana. Son los cuarenta grados que colapsan nuestros hospitales hoy. Son las noches tropicales que nos impiden descansar esta semana en Bruselas o Madrid. Son los 104.000 millones de euros que España perderá antes de que acabe esta década si no actuamos con decisión.

Quienes desde el Parlamento Europeo trabajan para frenar el Pacto Verde no solo están apostando contra la ciencia: están apostando contra la economía, contra la salud pública y contra el bienestar de las generaciones que vienen. Desde el Parlamento Europeo, seguiremos defendiendo con firmeza la acción climática como la inversión más rentable y más urgente que podemos hacer como sociedad.