He intervenido en la Asamblea Parlamentaria Eurolatinoamericana, EUROLAT, junto a representantes de México y de toda América Latina, para defender la necesidad de reforzar la alianza entre Europa y nuestra región en un contexto internacional cada vez más fragmentado e incierto.
Vivimos un momento en el que la frontera entre economía y geopolítica prácticamente ha desaparecido. El comercio, la energía, la tecnología o las cadenas de suministro se han convertido también en instrumentos de poder e influencia. Y frente a esa realidad, Europa y América Latina comparten una responsabilidad común.
Ni el cambio climático, ni las desigualdades, ni las migraciones, ni la defensa de nuestras democracias pueden afrontarse desde el repliegue nacional o desde la confrontación permanente. Necesitamos más cooperación, más instituciones fuertes y más respeto al derecho internacional.
Por eso la relación entre la Unión Europea y América Latina tiene hoy un valor profundamente estratégico. Y México ocupa un lugar central en esa relación.
La modernización del acuerdo entre la UE y México no es únicamente un acuerdo comercial. Es una decisión geopolítica entre socios democráticos y fiables que comparten principios esenciales: la defensa de la democracia, de la soberanía, del multilateralismo y de un orden internacional basado en reglas.
Europa necesita fortalecer sus vínculos con América Latina no solo por interés económico, sino porque ambas regiones comparten una determinada visión del mundo basada en el diálogo, la apertura y la cooperación.
En un momento de creciente polarización y desinformación, la alianza entre Europa y América Latina puede convertirse en uno de los grandes espacios de estabilidad democrática del siglo XXI.



