El Mundo vive hoy un momento de gran transición. Europa se enfrenta a un contexto internacional más hostil y con menos certezas sobre sus alianzas tradicionales. En este escenario, debemos asumir plenamente nuestra responsabilidad en materia de seguridad. Esto implica reforzar nuestras capacidades, impulsar nuestra industria y la coordinar mejor la forma en que invertimos en defensa.
Gastar más y mejor en seguridad
Durante los últimos años, los países europeos miembros de la OTAN han incrementado significativamente su gasto en defensa. Sin embargo, esto no es suficiente. No se trata únicamente de gastar más, sino de gastar mejor y de manera más europea. La fragmentación de nuestras inversiones, las duplicidades y la falta de una base industrial cohesionada nos restan eficacia y fortaleza. Es fundamental aprovechar las economías de escala, coordinar nuestras capacidades y fomentar una mayor integración industrial en el ámbito de la defensa.
En este sentido debemos avanzar hacia la creación de un instrumento financiero europeo, respaldado por deuda común, que permita impulsar el gasto europeo en defensa y por ende reforzar nuestra autonomía estratégica, reduciendo dependencias y facilitando la interoperabilidad. No basta con partidas presupuestarias dentro del marco financiero plurianual; necesitamos una visión ambiciosa que priorice el interés común europeo.
España, por ejemplo, cuenta con una industria de defensa potente, con profesionales altamente cualificados y costes competitivos. Tenemos una oportunidad única para escalar, modernizar y conectar mejor nuestra industria con el conjunto del continente. Pero para ello, es imprescindible el apoyo decidido de las administraciones públicas y una política industrial europea clara, que incluya reformas en las normativas de competencia, fusiones y proyectos conjuntos.
No podemos permitirnos depender tecnológicamente de terceros países. China, hace una década, apostó por sectores estratégicos como la inteligencia artificial, los semiconductores o los vehículos eléctricos. Hoy lideran muchos de ellos. En Europa, aún tenemos margen para liderar áreas clave como la aeronáutica, gracias a proyectos como Airbus, que son fruto de una ambiciosa cooperación política y empresarial.
Nuestro objetivo no es sustituir a la OTAN, sino convertirnos en un pilar más sólido, confiable y autónomo dentro de la alianza. Esto requiere una relación madura con Estados Unidos, pero también una agenda europea firme para reforzar nuestra soberanía en sectores estratégicos.
La autonomía estratégica europea no es un capricho. Es una necesidad para garantizar nuestra seguridad, nuestras economías, nuestras democracias y nuestros valores fundamentales, hoy y en el futuro ante un mundo cada vez más competitivo y fragmentado.



