La cumbre de la OTAN de Ankara deja una conclusión difícil de discutir: Europa ha entrado definitivamente en una nueva etapa en materia de seguridad. El escenario internacional ha cambiado y también debe hacerlo nuestra forma de responder a él.
El nuevo orden internacional y la responsabilidad europea
La invasión rusa de Ucrania, la creciente rivalidad entre grandes potencias y el deterioro del orden internacional construido tras el final de la Guerra Fría obligan a Europa a asumir una mayor responsabilidad sobre su propia seguridad. No para sustituir a la OTAN, sino para fortalecerla.
La principal lección de la cumbre es precisamente esa. La Alianza Atlántica seguirá siendo el pilar de la defensa colectiva, pero una OTAN fuerte necesita también una Europa más fuerte: con mayores capacidades, una industria de defensa más integrada y una mayor capacidad para actuar cuando estén en juego sus intereses y sus valores.
El apoyo a Ucrania sigue siendo una pieza central de esa estrategia. Defender su soberanía y su integridad territorial no consiste únicamente en apoyar a un país agredido. Significa defender un principio básico del orden internacional: que las fronteras no pueden modificarse por la fuerza.
Al mismo tiempo, la evolución de la política estadounidense confirma que Europa debe estar preparada para asumir más responsabilidades. La fortaleza del vínculo transatlántico dependerá cada vez más de una relación equilibrada entre aliados capaces de aportar seguridad y estabilidad.
España, un aliado reforzado dentro de la OTAN
España llega a esta nueva etapa con una posición reforzada. En los últimos años ha realizado el mayor esfuerzo de inversión en defensa de su historia reciente, elevando progresivamente el gasto hasta situarlo en torno al 2 % del PIB. Esa inversión ha permitido modernizar las Fuerzas Armadas y aumentar de forma significativa sus capacidades.
Pero la credibilidad de un aliado no se mide únicamente por su presupuesto. España mantiene una presencia destacada en el flanco oriental de la OTAN, participa de forma relevante en operaciones navales y aéreas, lidera misiones en Irak y en el Atlántico Norte y ampliará su contribución con el despliegue de fuerzas en Finlandia. Son hechos que demuestran un compromiso sólido con la seguridad europea y euroatlántica.
A la vez, España ha mantenido una política exterior coherente con los principios que inspiran el proyecto europeo: la defensa del derecho internacional, el multilateralismo y la búsqueda de soluciones diplomáticas. Ser un aliado fiable de la OTAN no es incompatible con tener una voz propia. Al contrario, una alianza entre democracias se fortalece cuando sus miembros contribuyen con capacidades, pero también cuando defienden con coherencia los principios que les dan legitimidad.
España, un aliado reforzado dentro de la OTAN
El siguiente paso no consiste únicamente en invertir más, sino en invertir mejor. Europa necesita compras conjuntas, una base industrial más integrada, mayor interoperabilidad y una estrategia común que evite duplicidades y refuerce su autonomía tecnológica.
Todo ello debe hacerse sin caer en un falso dilema entre seguridad y Estado del bienestar. La protección de nuestras democracias exige capacidades militares, pero también cohesión social, innovación, infraestructuras resilientes y confianza en las instituciones.
La paz sigue siendo el objetivo. Pero la paz no se preserva únicamente con buenas intenciones. También requiere capacidad de disuasión, cooperación entre aliados y un compromiso firme con el derecho internacional.
Ankara marca, en definitiva, el comienzo de una nueva etapa. Una Europa más fuerte dentro de una OTAN más fuerte, capaz de asumir mayores responsabilidades sin renunciar a los principios que han definido su papel en el mundo.