La América de Trump ha roto la alianza. Es hora de que Europa despierte y asuma su responsabilidad

Vivimos tiempos que nos ponen a prueba. La América de Trump ha roto la alianza. El orden mundial que conocíamos, basado en la cooperación y el multilateralismo, se desvanece ante nuestros ojos. La nueva realidad es la de la competencia estratégica, una en la que la confrontación se impone al diálogo y los aliados son tratados como meras piezas en un tablero global. Ante este escenario, Europa no puede permitirse seguir viviendo el complacencia o en la nostalgia de un tiempo que ya no existe. Es el momento de nuestro despertar estratégico.

La alianza atlántica rota y el nacionalismo sin complejos

La relación transatlántica, pilar de nuestra seguridad y prosperidad durante décadas, se ha fracturado. La América de Trump ha roto unilateralmente la alianza, reemplazando la confianza mutua por una voluntad de dominación. Su política de nacionalismo sin complejos ya no nos ve como socios, sino como un instrumento para alcanzar sus propios objetivos estratégicos.

Esta nueva doctrina de seguridad nacional confirma el fin de la era multilateral post II Guerra Mundial. Se prioriza la confrontación por encima de la cooperación, y se sustituye el diálogo por el chantaje y la imposición. No podemos ni debemos aceptar esta nueva dinámica.

Se acabó el tiempo de la complacencia. Europa debe asumir su responsabilidad, definir sus propios intereses y actuar con una sola voz. No podemos permitir que el futuro de nuestro continente sea dictado por las voluntades de Washington D. C. o Moscú. Debemos rebelarnos ante el mundo que Trump y Putin nos quieren imponer.

El año 2026 se perfila como un momento decisivo. Será el año en que Europa tendrá que decidir si planta cara ante el bully norteamericano o se pliega a sus voluntades. Y para la supervivencia de nuestro proyecto común, solo hay un camino posible: el de la autonomía y la soberanía.

Pero nuestro camino no es el del aislamiento introspectivo ni el del nacionalismo reaccionario. Es el de la autoafirmación y el liderazgo, junto a viejos y nuevos aliados, de un mundo que se rebela a aceptar un autoritarismo bipolar. Europa debe ejercer ese liderazgo de un orden global multilateral renovado y reforzado:

  1. Sin ceder a chantajes: Debemos hacer valer nuestros instrumentos para regular nuestras economías y proteger a nuestros ciudadanos y empresas. Uno de nuestros activos principales es nuestro mercado único y nuestro marco normativo.
  1. Haciendo cumplir nuestras normas: Debemos ser firmes y contundentes en la protección de nuestras democracias, especialmente en el ámbito digital, donde la desinformación y la injerencia extranjera amenazan nuestros valores fundamentales e intereses estratégicos.
  1. Con nuevas y reforzadas alianzas: Es el momento de reforzar y dar un salto cualitativo a nuestros lazos con América Latina y el Caribe, con Canadá y con la región de Asia-Pacífico. La diversificación de nuestras alianzas es clave para nuestra resiliencia.
  1. Reforzando nuestra Unión: Nuestra mayor fortaleza es nuestra unidad. Juntos, los 27 somos una potencia global. Separados, corremos el riesgo de convertirnos en irrelevantes. La cohesión interna es la condición indispensable para nuestra proyección externa.

Nos encontramos en una encrucijada histórica. El camino de la sumisión es el de la irrelevancia. El camino de la autonomía es el de la supervivencia y la prosperidad. Como Vicepresidente del Parlamento Europeo, estoy convencido de que los europeos elegiremos el segundo. Es nuestro deber con las generaciones pasadas, que construyeron este proyecto de paz y prosperidad, y con las futuras, que merecen heredar una Europa fuerte, soberana y dueña de su propio destino.