Nuevas normas europeas contra los contaminantes del agua: un paso adelante en la protección de la salud

Esta semana, el Parlamento Europeo ha adoptado la actualización de la Directiva Marco del Agua y sus dos directivas complementarias sobre contaminantes en aguas superficiales y subterráneas, de la que he sido ponente. Es un acuerdo que hemos impulsado con determinación desde la Comisión ENVI y que supone el avance legislativo más significativo en materia de calidad del agua en más de una década.

Los datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente son preocupantes: sólo el 29% de los lagos, ríos, estuarios y aguas costeras de Europa alcanza un «buen estado» químico. La contaminación agrícola —fertilizantes y plaguicidas— y la deposición atmosférica procedente de la generación de energía son las principales fuentes de degradación. A ello se suman los llamados «contaminantes eternos», los PFAS, cuya persistencia en el medio ambiente y sus efectos sobre la salud representan uno de los mayores desafíos regulatorios de nuestro tiempo.

Una actualización urgente e inaplazable

La última revisión de las listas de contaminantes del agua en la UE se realizó hace más de diez años. Actualizar este marco era, por tanto, una necesidad impostergable. Tras cuatro trílogos y más de treinta reuniones técnicas, el Parlamento, el Consejo y la Comisión alcanzaron un acuerdo provisional en septiembre de 2025. La Comisión ENVI lo respaldó el pasado 17 de marzo con 59 votos a favor. Al no presentarse ninguna enmienda de rechazo, la adopción del texto sin necesidad de voto se anunción en el pleno de esta semana.

PFAS, plaguicidas y vigilancia de mezclas: las novedades clave

El acuerdo incorpora alrededor de 30 nuevas sustancias al marco de vigilancia, entre ellas la suma de PFAS 25 y PFAS 4 para aguas subterráneas, y la suma de plaguicidas para aguas superficiales. Además, a partir de 2030, los Estados miembros estarán obligados a aplicar métodos de vigilancia basados en los efectos para las sustancias estrogénicas, lo que permitirá evaluar mejor los riesgos acumulativos de las mezclas de contaminantes. Se trata de un salto cualitativo en la forma en que Europa protege la salud pública y los ecosistemas acuáticos.

Concesiones al Consejo con salvaguardias sólidas

Las negociaciones no estuvieron exentas de tensiones. El Consejo introdujo dos nuevas exenciones —una para proyectos de impacto a corto plazo y otra para el deterioro temporal vinculado al traslado de agua o sedimentos— que el Parlamento aceptó con condiciones estrictas: carácter temporal, medidas de mitigación obligatorias y protección garantizada de las fuentes de agua potable. En cuanto a los plazos, logramos reducir el horizonte de cumplimiento de 2051 a 2039 o 2045 según el tipo de sustancias, y exigir a los Estados miembros un programa preliminar de medidas antes de 2030 y un programa final en 2033.

El reto que queda por delante

Este acuerdo es un paso importante, pero no el final del camino. Alcanzar los objetivos del Plan de Acción para la Contaminación Cero —reducir en un 50% el uso de plaguicidas y las pérdidas de nutrientes antes de 2030— requerirá de una aplicación rigurosa de la legislación por parte de los Estados miembros. Europa tiene las herramientas normativas. Lo que necesitamos ahora es la voluntad política para aplicarlas. Desde el Parlamento Europeo, seguiremos trabajando para que el derecho a un agua limpia y saludable sea una realidad para todos los ciudadanos europeos.